viernes, 20 de diciembre de 2019

EXTRACTO DE LA CONSPIRACIÓN DE LUCIFER, CAPÍTULO 9 CONTINUACIÓN


La lluvia continuaba derramándose copiosamente por las calles de Londres; a pesar de ello, diversos caminantes recorrían tranquilamente los paseos de Green Park. Un grupo de jóvenes practicaban deporte desafiando al mal tiempo. Algún mirlo feliz entonaba su canto, aportando una nota musical al persistente golpeteo del agua en los extensos prados y en las copas de los centenarios árboles que aparecían a cierta distancia en la fronda; gotas de lluvia que se estrellaban, asimismo, contra el suelo, las fachadas y los tejados en los edificios de las calles inmediatas.

El agua también percutía contra las ventanas de la suite, creando un efecto relajante, casi hipnótico y sosegadamente melancólico, invitando a los amantes a contemplar, a través de los cristales, la lentitud que el otoño imponía al ritmo de la ciudad. Ambos, asomados en su privilegiada atalaya, tomando el uno la mano del otro en la suya, cedieron al embrujo de un beso largo y profundo.
Cerrando los ojos, Laura se dejó llevar por el intenso contacto de los labios, por la firmeza de las manos que sujetaron su cintura, olvidando el miedo que, desde aquel día en el que tuvo a Damián por primera vez frente a ella, todavía se mantenía en lo profundo de su mente. Era su compañera en la conspiración, su amante en las largas noches de tranquilidad compartida, su lazarillo en los momentos en los que el entusiasmo cegaba la cordura de ese hombre peculiar. Se había lanzado abiertamente a una relación peligrosa. Sin embargo, el peligro no radicaba únicamente en la supuesta organización que los perseguía, sino que se vislumbraba también en la vejez de aquella mirada que la contemplaba desde un cuerpo joven y vital, en la tristeza y decepción que reposaban en aquella alma que pretendía ser inmortal. Pero cerrando los ojos, sintiendo los labios en íntimo contacto, apretando fuertemente el cuerpo contra el de su amante, ignoraba miedos, peligros y trasfondos misteriosos y profundos.
En ocasiones, dudaba de la veracidad de Damián. Pensaba que, realmente, era un ser emanado de las profundidades de la tierra, del infierno de Dante, para engañar, seducir y arrastrar a la perdición a los hombres y mujeres que lo seguían. Entonces se hacía consciente de su tormento. «¡Mentiroso!», gritaba Thanatos, rabioso, pataleando con furia sobre su hombro derecho. «Le vas a seguir hasta tu propia destrucción», y a continuación citaba el evangelio: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos». Mientras Eros, que reclamaba sosiego descansando encima del corazón, manifestaba fe en los verdaderos sentimientos que surgían de aquel hombre. «Por sus frutos los conoceréis» rezaba también el texto de Mateo. ¿Y qué mejor fruto que procurar la felicidad de las mujeres y hombres de todo el mundo? Entonces retornaba al pensamiento racional. Ni dioses ni demonios, sino obras; y el resultado era que le gustaba la obra de Damián. Después seguía su instinto, le gustaba aquél hombre. Eros, aposentado en su corazón, ganaba la batalla. Pero el miedo no desaparecía, simplemente Thanatos callaba, esperaba otro momento para manifestarse.
El mejor modo de vencer al miedo era dejarse llevar por el empuje de su amante, por su energía vital y por el ansia de disfrutar de la vida, de cada segundo, como si pudiera ser el último. «Extraño pensamiento para un ser inmortal», se decía entonces, «sobre todo, extraño pensamiento para mí, puesto que quiere compartir conmigo su inmortalidad». Pero ¿quién piensa en la inmortalidad cuando la eternidad se resume en un abrazo y un beso?
—Eres demasiado romántica —decía él cuando aparentaba descubrir sus pensamientos.
—No digas tonterías —respondía ella—. Esto es sólo sexo. Soy tu amante, ¿recuerdas?
—¿Hasta dónde quieres llegar con el sexo? —Preguntaba él entonces.
—Hasta lo más profundo…
Y, como en otras ocasiones, también en ese momento, en la mágica alcoba ovalada de la Suite Royal del Ritz de Londres, la pasión seguía su curso lentamente, al mismo ritmo que la lluvia que inundaba los parques y las avenidas, y llamaba a la ventana para anunciar a los amantes que el agua es vida, y que la vida estaba con ellos.

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LA CONSPIRACIÓN DE LUCIFER. UNA NOVELA DE CONCIENCIACIÓN PLANETARIA